LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD EN EL ÁMBITO PENAL

LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD EN EL ÁMBITO PENAL

LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD EN EL ÁMBITO PENAL
Para aplicar la enajenación es necesario que el sujeto padezca, desde el punto de vista biológico-psiquiátrico, una anomalía o alteración psíquica, es decir, que padezca una enfermedad mental desde el punto de vista médico,
Como ha declarado el Tribunal Supremo, la enfermedad mental tiene, en nuestro derecho, un doble componente, biológico-psicológico, de modo que requiere, además de un sustrato psiquiátrico-patológico, que tal padecimiento produzca en el acusado una incapacidad severa para conocer el alcance de sus actos, o dicho en palabras de la ley, que no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión.
Para la apreciación de una circunstancia eximente o modificativa de la responsabilidad criminal basada en el estado mental del acusado, no basta una clasificación clínica, sino que es necesario poner en relación la alteración mental con el acto delictivo concreto, que anule en el caso de la eximente completa las facultades intelectivas y/o volitivas del agente, de forma que no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión.
Los trastornos de la personalidad, según la jurisprudencia, como regla general no justifican una disminución de la imputabilidad del sujeto, pues son patrones característicos del pensamiento, de los sentimientos y de las relaciones interpersonales que pueden producir alteraciones funcionales o sufrimientos subjetivos en las personas y son susceptibles de tratamiento mediante psicoterapia o fármacos, e incluso pueden constituir el primer signo de otras alteraciones más graves como lo son las enfermedades neurológicas, pero ello no quiere decir que la capacidad de entender y querer del sujeto esté disminuida o alterada desde el punto de vista de la responsabilidad penal, pues junto a la posible base funcional o patológica debe considerarse normativamente la influencia que ello tiene en la imputabilidad del sujeto.
Los trastornos de la personalidad tratan de deficiencias psicológicas que sin llegar a constituir una psicosis afectan a la organización y cohesión de la personalidad y a su equilibrio emocional y volitivo.
Son desviaciones anormales del carácter de origen diverso que no se asientan en ninguna facultad concreta y que cuando tienen cierta intensidad afectan a las capacidades de autocontrol del sujeto y a su mecanismo motivacional.
Para entender estos trastornos como eximente es menester que hayan afectado, plenamente, las capacidades de conocer y querer.
Si no es así, cabe aplicar la eximente incompleta del artículo 21.1 del código penal pero únicamente cuando exista una afectación severa de esas facultades de entender y querer.
En casos de menor intensidad podría llegar a caber la aplicación de una atenuante analógica, pero sólo en los supuestos en los que exista una afectación de las facultades intelectivas o volitivas de suficiente intensidad, por más que no llegue a la severidad exigible para la aplicación de la eximente incompleta.
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