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RELATO Y CONCLUSIONES DE UN CASO DE VIOLENCIA MACHISTA CON RESULTADO DE MUERTE

RELATO Y CONCLUSIONES DE UN CASO DE VIOLENCIA MACHISTA CON RESULTADO DE MUERTE
El acusado, mantenía una relación de pareja con Encarnacion desde Noviembre del año 2011, conviviendo ambos en el piso que ella tenía alquilado.
Desde el principio de la relación, Fulgencio que carecía de medios de vida, trató de aparentar ante Encarnacion una situación económica desahogada, llegando a fingir incluso que trabajaba, o bien, decía que estaba a la espera de cobrar importantes sumas de dinero o que tenía pendientes diversas cuestiones financieras a punto de resolverse a su favor, explicaciones que Encarnacion aceptaba de buena fe, dada la situación de dependencia afectiva en la que se encontraba, sufragando con su pensión todos los gastos de su pareja.
Sin embargo, a medida que iba transcurriendo el tiempo y, visto el tren de vida que el acusado mantenía, aumentaron las retiradas de efectivo en cajeros automáticos, hasta casi agotar el saldo, atendiendo Encarnacion las exigencias del acusado, endeudándose cada vez más, pidiendo nuevos préstamos al Banco, siempre en la creencia de que Fulgencio estaba a punto de arreglar su situación, hasta verse obligada a vender las acciones en las que había ido invirtiendo todos sus ahorros.
Pese a ello, a partir de Julio de 2015, los descubiertos o “números rojos” en la cuenta corriente se convirtieron en algo habitual, hasta el extremo de haber dejado de pagar el alquiler del piso y el recibo de la luz, lo que provocó que les cortaran el suministro, si bien, el acusado, una vez más, se las arregló para hacerle ver que había sido una avería.
Además, imponiendo siempre su criterio y opinión, trataba de moldear a Encarnacion a su gusto, aislándola y alejándola de su círculo de amigos más cercanos, incluso de su único hijo, no permitiendo la comunicación entre ellos, logrando que éste dejase de vivir en la casa de su madre, manteniéndola aislada y anulada, ejerciendo un control absoluto sobre ella.
En estas circunstancias, entre las 14’30 y las 15’00 horas del día 5 de Noviembre de 2.015, el acusado decidido a acabar con la vida de su pareja y cuando ambos se encontraban en la vivienda citada, la llamó para que fuera al dormitorio con el pretexto de mostrarle una fuga de agua y, cuando ella se arrodilló sobre la cama para observarla, sin mediar palabra y, aprovechando que estaba desprevenida y totalmente indefensa cogió una barra de una mancuerna metálica de unos 30 cms. de largo que guardaba bajo la cama, y, por la espalda, la golpeó con ella en la cabeza repetidas veces, hasta causarle la muerte como consecuencia de un traumatismo craneoencefálico, con destrucción de centros vitales.
El día 9 de noviembre de 2015 sobre las 11:30 horas de la mañana, el acusado, de manera voluntaria, y antes de conocer la existencia de un procedimiento en su contra, se personó en la Comisaría de la Policía Nacional, para entregarse a las autoridades y confesar los hechos.
El Fiscal califica definitivamente los hechos como constitutivos de un delito de asesinato con alevosía previsto y penado en el artículo 139-1º en relación con el artículo 140 bis del código penal, del que es autor el acusado conforme al artículo 28.1, estimando concurrentes las circunstancias agravantes de desprecio de género del artículo 22.4 y de parentesco del artículo 23 del código penal y la circunstancia atenuante de confesión del artículo 21.4º del código penal, solicitando se impusiera la pena de ventidos años y seis meses de prisión con la accesoria legal de inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena, así como la medida de libertad vigilada por un periodo de diez años con cumplimiento de las siguientes medidas:
  • Obligación de estar siempre localizable mediante aparatos electrónicos
  • Comunicar inmediatamente en el plazo y por el medio que se establezca cualquier cambio de domicilio o lugar de residencia.
  • Prohibición de aproximarse al hijo de la víctima, así como prohibición de comunicación por cualquier medio y por igual tiempo
  • Prohibición de residir en el territorio de la Comunidad Autónoma de >>>
El pago de las costas judiciales causadas, incluidas las de la acusación particular y a que en concepto de responsabilidad civil indemnice al hijo de la fallecida, en la suma de 200.000 euros por daños morales, y los gastos acreditados de limpieza del domicilio de la victima.
La defensa del acusado, califica definitivamente los hechos en el mismo sentido que la acusación.
Los hechos declarados probados sancionan como reo de asesinato al que matare a otro concurriendo la circunstancia de alevosía y que se distingue de otras figuras delictivas por la concurrencia del específico “animus necandi” o intención del sujeto activo de acabar con la vida de la víctima, también denominado dolo de matar.
El ánimo de matar, consiste en el conocimiento y voluntad de causar la muerte, como elemento subjetivo de la figura delictiva.
Puede ser un hecho, y como tal aparecer en el relato descriptivo, si existe prueba directa dimanante de la manifestación de voluntad expresa, libre y terminante del acusado, pero en la mayoría de los supuestos, por pertenecer a la esfera íntima del sujeto, sólo puede inferirse de la prueba indirecta o indiciaria, debiendo para ello atenderse al cúmulo de circunstancias concurrentes en la realización del hecho, no sólo a los actos coetáneos que acompañaron a la acción, sino también a los precedentes y subsiguientes como referencias que nos permitan determinar el estado anímico del sujeto y la voluntad auténtica que impulsó su actuar.
La Jurisprudencia viene señalando como elementos de mayor relieve para poder captar la voluntad homicida en el sujeto:
  • las relaciones que ligaban al autor y a la víctima
  • personalidad de agresor y agredido
  • actitudes o incidencias observadas o acaecidas en momentos precedentes al hecho, particularmente si mediaran actos provocativos, palabras insultantes, amenazas de males que se anuncian
  • dimensiones y características del objeto, medio o arma empleada y su idoneidad para matar o lesionar
  • lugar o zonas del cuerpo a las que fue dirigida la agresión
  • insistencia y reiteración en los actos de ataque
  • y en general, todos los matices del comportamiento del sujeto que revelen la específica voluntad que le impulsó a actuar del modo en que lo hizo.
Cuando en la causación de la muerte de una persona concurre alguna de las circunstancias que se contemplan en el artículo 139 del código penal, el delito cometido es de mayor gravedad y tiene la consideración de asesinato.
El fundamento de la apreciación de la circunstancia de la alevosía viene constituida por el empleo por el agente de medios, modos o formas en la ejecución del hecho que tiendan directa o especialmente a asegurar el resultado de la actividad emprendida, buscando o aprovechando una situación de indefensión en la víctima, de manera que el sujeto actúa sin riesgo para su persona que pudiera provenir de la reacción defensiva de aquélla, la cual se elimina por completo, revelando el actuar alevoso un plus de antijuricidad y de culpabilidad, así como una mayor vileza o cobardía en el obrar.
La esencia de la alevosía se encuentra en la existencia de una conducta agresora que tienda objetivamente a la eliminación de la defensa, lo que debe ser apreciado en los medios, modos o formas empleados en la ejecución de la agresión.
En conclusión, el núcleo de la alevosía se encuentra en el aniquilamiento de las posibilidades de defensa o bien en el aprovechamiento de una situación de indefensión, cuyos orígenes son indiferentes.
Dentro de las modalidades que ofrece el actuar alevoso, nos hallamos, en el presente caso, ante la que, doctrinal y jurisprudencialmente, se conoce como asesinato “por sorpresa o de ímpetu”, caracterizado por la ejecución súbita e inesperada, desencadenándose la agresión de modo repentino, sorpresivo, instantáneo, inesperado e imprevisto para la víctima.
El acusado mantenía una relación sentimental estable, análoga a la matrimonial con la fallecida desde noviembre del año 2011, conviviendo ambos en el mismo domicilio que ella tenía alquilado, existiendo un compromiso más o menos definitivo y una afectividad semejante y generadora de una vinculación familiar, concurriendo por ello los dos elementos que la integran:
  • el objetivo, consistente en la relación de afectividad análoga a la matrimonial
  • y el subjetivo, que no consiste propiamente en el cariño o afecto, sino en la conciencia de la subsistencia de dicha relación y de los específicos deberes de respeto que ha de conllevar
Estando además la agresión directamente relacionada con la convivencia, dado que se produjo en el domicilio de la pareja.
Concurre en el acusado la agravante de desprecio de género del articulo 22.4 del código penal
Se trata de una circunstancia introducida en 2015 en el Código penal, que se fundamenta en la mayor culpabilidad del autor por la mayor reprochabilidad del móvil que le impulsa a cometer el delito, siendo por ello decisivo que se acredite la intención de cometer el delito contra la mujer por el hecho de ser mujer y como acto de dominio y superioridad, circunstancia acreditada en el presente caso >>>> El acusado fue distanciando a la víctima de su círculo de amigos, manteniéndola asilada y sometida, ejerciendo un control absoluto sobre la misma en todos los aspectos de su vida, tanto afectivo como familiar, imponiéndole su criterio en lo referente a las relaciones sociales y cuestiones económicas, anulando su capacidad de decisión, hasta acabar con su vida como acto final de dominación.
Procede apreciar en el acusado la atenuante de confesión del articulo 21,4º del código penal, al haber confesado el crimen a las autoridades antes de conocer la apertura de procedimiento judicial, como resulta de la declaración prestada por el Agente de la Policía Nacional, quien indicó en el juicio que el acusado se personó en la Comisaría y le manifestó que “había acabado con la vida de su compañera sentimental” y “que la había golpeado con una barra” no teniendo conocimiento en aquel momento de la existencia de alerta de busca alguna.
Conforme a lo dispuesto en el articulo 66-7º del código penal, procede imponer al acusado la pena de veintidós años y seis meses de prisión, con la accesoria legal de inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena, interesadas por la acusación y a la que prestó conformidad el acusado, por cuanto concurriendo dos circunstancias agravantes y una atenuante se entiende adecuado imponer la pena dentro de la mitad superior lo que nos sitúa en un arco punitivo que arranca en veinte años de prisión y llega hasta los veinticinco años.
Dentro de esas posibilidades de individualización penológica, se tiene en cuenta a la hora de fijar la extensión, la gravedad de los hechos, a la luz de la intensidad y brutalidad de los ataques infligidos a la víctima, todos de carácter mortal, así como la circunstancia de encontrarse ésta de espaldas en plano inferior, utilizando el acusado una barra de una mancuerna metálica de 33 centímetros de largo, para golpearla de forma contundente en la cabeza, aprovechando que sus posibilidades defensivas se hallaban anuladas, pena que conforma una respuesta punitiva adecuada a la gravedad de los hechos.
Igualmente y por imperativo de lo dispuesto en el artículo 57.2 del código penal procede imponer al acusado por tiempo superior en un año a la pena privativa de libertad, la prohibición de aproximarse a menos de 500 metros al hijo de la víctima en los términos previstos en el artículo 48.2 del código penal.
También es procedente, conforme a lo dispuesto en el artículo 140 bis en relación con los artículos 105 y 106 del código penal imponer al acusado la medida de libertad vigilada por un periodo de diez años, con cumplimiento de las siguientes medidas:
  • Obligación de estar siempre localizable mediante aparatos electrónicos
  • Comunicar inmediatamente en el plazo y por el medio que se establezca cualquier cambio de domicilio o lugar de residencia
  • Prohibición de aproximarse al hijo de la víctima así como prohibición de comunicación por cualquier medio y por igual tiempo
  • Prohibición de residir en el territorio de la Comunidad Autónoma de >>> con la finalidad de evitar males futuros, dada la naturaleza de los hechos hoy enjuiciados y las consecuencias del todo perjudiciales que habrían de derivarse para el hijo de la fallecida de un posible contacto y aun de la simple confrontación visual.
Toda persona criminalmente responsable de un delito lo es también civilmente y viene obligada al pago de las costas judiciales conforme a lo que establecen los artículos 116 y 123 del código penal y 239 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por lo que el acusado viene obligado a indemnizar.
Conforme a lo dispuesto en el artículo 110 del código penal, los daños y perjuicios sufridos por el hijo de la fallecida como consecuencia de su ilícita conducta, que se fijan en la suma de 200.000 euros, cantidad que se ha determinado tomando como referencia el baremo indemnizatorio de aplicación obligatoria a los daños corporales derivados de accidentes de circulación, que presenta como ventajas la uniformidad e igualación de los criterios indemnizatorios, partiendo del baremo vigente en la fecha de los hechos e incrementado notablemente la suma allí prevista, pues no puede desconocerse que al tratarse de un hecho doloso no relacionado en modo alguno con un accidente de circulación, la determinación de la indemnización resulta discrecional para el juzgador, teniendo presente por otro lado la compensación por el superior daño moral que inflinge una agresión dada al extrema brutalidad empleada por el acusado para acabar con la vida de su pareja.
Igualmente procede conceder la suma de 2.884,49 euros interesada por gastos derivados de la limpieza del domicilio en donde residía la fallecida.
Por último procede imponer al acusado el pago de las costas judiciales causadas, con inclusión expresa de las devengadas por las acusaciones particulares.

 

 

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