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EL DOLO EN LA INDUCCIÓN AL HOMICIDIO

El condenado recurrente afirma que él sólo encomendó a los autores inducidos que le dieran «un susto» a la víctima mediante un robo con intimidación, “pero éstos no habrían ajustado su conducta a los términos estipulados con el inductor, puesto que propinaron un golpe en la cabeza a la víctima de una forma que estuvieron a punto de matarla
El recurrente aduce en su recurso que tal conducta se desvió de forma sustancial del encargo que se les hizo, por lo que no cabe que se le impute al inductor el exceso en que incurrieron el sujeto o sujetos inducidos.
Según la doctrina, inductor es el que hace nacer en otro la voluntad de cometer un hecho delictivo, al ejercer un influjo psíquico sobre otra persona, que va a ser quien finalmente ejecute el hecho de manera responsable.
Por su parte, la jurisprudencia tiene estableciendo, siguiendo asentados criterios doctrinales, que la inducción constituye materialmente una forma de participación de singular relevancia que tiene como sustento el influjo psíquico, logrado de diversas formas posibles, que el inductor despliega sobre otras personas al objeto de que ejecuten un delito concreto y en relación también con una víctima concreta, lo que la distingue de la provocación.
Igualmente la doctrina ha remarcado que el dolo con que actúa el inductor es un dolo directo con respecto a la conducta delictiva cuya ejecución encomienda específicamente a un tercero.
De modo que ha de apreciarse un dolo directo en lo referente a la conducta delictiva a que se incita o instiga al inducido.
En cambio, sí opera de forma relevante el dolo eventual en los supuestos en que el autor material del hecho delictivo se desvía o excede de la encomienda delictiva que le hace el inductor, en cuyo caso, una vez que la incitación inductora determina causalmente el resultado y éste se encuadra también en el riesgo propio de la imputación objetiva de la inducción, habrá que ponderar si se le puede imputar subjetivamente al inductor por hallarse abarcado por un dolo eventual.
Con respecto al dolo y sus diferentes modalidades, tiene dicho los tribunales en reiteradas sentencias que el dolo, según la definición más clásica, significa conocer y querer los elementos objetivos del tipo penal. Pero ello no excluye un concepto normativo del dolo basado en el conocimiento de que la conducta que se realiza pone en concreto peligro el bien jurídico protegido, de manera que en su modalidad eventual el dolo radica en el conocimiento del peligro concreto que la conducta desarrollada supone para el bien jurídico, pese a lo cual el autor lleva a cabo su ejecución, asumiendo o aceptando así el probable resultado lesivo.
En otras palabras, se estima que obra con dolo quien, conociendo que genera un peligro concreto jurídicamente desaprobado, no obstante actúa y continúa realizando la conducta que somete a la víctima a riesgos relevantes que el agente no tiene la seguridad de poder controlar, sin que sea preciso que persiga directamente la causación del resultado, del que no obstante ha de comprender y conocer que hay un elevado índice de probabilidad de que se produzca.
El tribunal que juzgó el asunto dijo que no concurren en la conducta del recurrente los elementos propios de la inducción a una acción homicida, ya que la instigación del acusado con respecto a «dar un susto» a la víctima mediante la perpetración de un robo con violencia o intimidación no presentaba previamente para el inductor un riesgo de muerte.
Y ello porque, aun siendo cierto que a tenor del desarrollo de los acontecimientos sí existía ese riesgo, toda vez que se dio el nexo causal y la relación de riesgo propia de la imputación objetiva entre la incitación y el peligro para la vida de la víctima, no consta probado, sin embargo, que el recurrente conociera las circunstancias objetivas de ese riesgo ni que fuera probable que su instigación generara un peligro concreto para la vida de la denunciante.
Por todo lo cual, ha de excluirse en el inductor el dolo correspondiente a la imputación subjetiva de la tentativa de homicidio, exclusión que impide su responsabilidad penal en el exceso o desviación en que incurrieron el autor o los autores de la agresión.
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